Introducción
El dispositivo de asistencia ventricular izquierda (DAVI) de flujo centrifugo es una terapia clave en la insuficiencia cardiaca avanzada, pero requiere cuidados enfermeros especializados que aún no están estandarizados y cuentan con poca evidencia científica.
objetivos
El objetivo del protocolo fue conocer la evidencia disponible sobre los cuidados enfermeros tras la implantación de un dispositivo de asistencia ventricular izquierda e identificar áreas clave de práctica clínica.
Métodos
El protocolo se basó en una revisión sistemática según Arksey y O’Malley. La búsqueda incluyó varias bases de datos (PubMed, CINAHL, PsycINFO, Embase, Cochrane Library, Web of Science y ClinicalTrials.go) y literatura gris. Se seleccionaron estudios sobre cuidados enfermeros, con revisión y extracción de datos por dos investigadores independientes. La calidad metodológica se evaluó mediante las herramientas del Instituto Joanna Briggs y y PRISMA ScR. Dos revisores evaluaron la calidad de forma independiente, resolviendo discrepancias con un tercer revisor.
resultados
La enfermera desempeña un papel central en el control del dispositivo y la vigilancia integral. Las intervenciones prioritarias incluyen la monitorización del dispositivo, el cuidado del driveline, la prevención de complicaciones y la vigilancia de la coagulación, función renal y respiratoria. La movilización temprana, la nutrición progresiva y el acompañamiento emocional forman parte del abordaje integral. Como indicadores de resultados se consideran la estabilidad del dispositivo, la ausencia de complicaciones, la adecuada función orgánica, la correcta cicatrización, la autonomía del paciente, la adherencia al tratamiento y la reducción de reingresos. La educación estructurada y los protocolos organizativos han mostrado beneficios en la recuperación y en la continuidad asistencial.
conclusiones
Los cuidados enfermeros tras la implantación del dispositivo han evolucionado hacia un modelo integral que combina vigilancia técnica, prevención de complicaciones, educación y estandarización de prácticas. La evidencia disponible destaca la necesidad de protocolos específicos y de formación avanzada para garantizar la seguridad del paciente y optimizar los resultados clínicos.