Introducción
La insuficiencia cardiaca avanzada representa un creciente problema de salud pública. El uso de dispositivos de asistencia ventricular izquierda (DAVI) ha aumentado como terapia puente al trasplante o tratamiento definitivo, mejorando supervivencia y calidad de vida. Sin embargo, su éxito clínico depende en gran medida del autocuidado domiciliario. Actualmente, la evidencia sobre programas educativos en este ámbito es heterogénea.
objetivos
El objetivo fue mapear y analizar los programas educativos dirigidos a pacientes portadores de DAVI y cuidadores, evaluando su diseño, resultados y transferibilidad.
Métodos
Scoping review siguiendo metodología Joanna Briggs Institute y directrices PRISMA-ScR. Se realizó búsqueda sistemática en PubMed, CINAHL, Web of Science, Scopus y Cochrane Library, complementada con literatura gris y revisión manual de referencias (septiembre 2025). Se incluyeron estudios en adultos con DAVI y/o cuidadores que describieran intervenciones educativas estructuradas. Dos revisores independientes realizaron selección y extracción de datos mediante Rayyan®. El análisis combinó síntesis descriptiva y temática.
resultados
Se incluyeron 20 estudios, principalmente de Estados Unidos (n=14). El 80% fueron cuantitativos, 15% cualitativos y 5% mixtos. Los programas evolucionaron desde educación verbal y material escrito hacia modelos estructurados basados en competencias y simulación clínica. La enfermería especializada lideró la mayoría de las intervenciones. Los contenidos más frecuentes fueron manejo técnico del dispositivo, cuidado del driveline, prevención de infecciones, manejo de alarmas y adaptación al estilo de vida. Los programas basados en simulación mostraron mejoras en competencias técnicas, retención de habilidades y preparación al alta.
conclusiones
Los programas educativos estructurados son esenciales en el tratamiento con DAVI al mejorar seguridad, autonomía y autocuidado. La simulación y la validación competencial emergen como estrategias eficaces. No obstante, la mayoría de las intervenciones proceden de centros altamente especializados y presentan escasa validación multicéntrica, lo que limita su generalización. Es prioritario desarrollar modelos estandarizados, coste-efectivos y adaptables a distintos entornos asistenciales, reforzando el liderazgo enfermero y la participación del cuidador.