Introducción
La valoración es quizás la fase más importante del proceso enfermero, pero para que tenga sentido y significado debe enmarcarse en un marco de referencia que favorezca la interpretación de los datos recopilados. Uno de los marcos propuestos para la disciplina con mayor valor teórico y metodológico son los patrones funcionales de Marjory Gordon. Este es un marco que provee integralidad y está orientado a la resolución de problemas; un marco valorativo útil para la recopilación de datos objetivos y subjetivos en diferentes contextos, culturas, cursos de vida y condiciones de salud1,. Pero, aún carece de estandarización del proceso desde la entrevista o anamnesis hasta la valoración física y el uso de instrumentos o escalas. Aunque existe el instrumento Functional Health Pattern Assessment Screening2 que ha sido traducido a varios idiomas, entre ellos al español por Sanz et al.3,; este no es suficiente y solo está conformado por ítems relacionados con la entrevista enfermera, sin brindar elementos que posibiliten una valoración a profundidad, especialmente el uso de escalas y los componentes de la valoración física.
Uno de los patrones que presenta esta deficiencia es el patrón de actividad y ejercicio, que evalúa aspectos subjetivos relacionados con las capacidades de autonomía e independencia, la disposición de energía para realizar las actividades de la vida diaria y los sistemas biológicos que soportan estas capacidades, como el sistema respiratorio, el cardiovascular, el neurológico y el osteomuscular4. Aspectos que pueden estar con mayor frecuencia alterados en pacientes con diagnóstico de enfermedad cardiovascular incluyendo condiciones de manejo en atención primaria, como la hipertensión arterial y condiciones de manejo en alta complejidad, como la insuficiencia cardiaca y el infarto agudo de miocardio.
Para Gordon, este patrón se refiere a la capacidad del individuo para realizar actividades físicas y deportivas, así como su nivel de ejercicio habitual, incluyendo la valoración de la movilidad, la capacidad para realizar actividades de la vida diaria y el ejercicio físico para mejorar o mantener la salud4.
La actividad física hace referencia a todo movimiento, incluso durante el tiempo de ocio, para desplazarse a determinados lugares o como parte del trabajo. Se ha demostrado que la actividad física regular ayuda a prevenir y controlar las enfermedades no transmisibles y a mantener un peso corporal saludable. En consecuencia, la inactividad física es el cuarto factor de riesgo de mortalidad más importante en todo el mundo e incrementa la incidencia de enfermedades no transmisibles5. La movilidad, por su parte, permite a una persona ser independiente; su alteración afecta los demás patrones. El fenómeno de la movilidad se entiende como la máxima expresión de la capacidad humana para desplazarse por el espacio-tiempo entre dos puntos equidistantes6-7. La movilidad presenta una relación estrecha con la independencia funcional, entendida como la condición de la persona para afrontar y desarrollar las actividades básicas de la vida diaria8.
Por su parte, las enfermedades cardiovasculares constituyen la principal causa de muerte, con cerca de 17,9 millones de fallecimientos anuales según el Global Burden of Disease9. En este grupo de pacientes, la capacidad y clase funcional son marcadores pronósticos independientes en condiciones como la insuficiencia cardíaca, la cardiopatía isquémica y las valvulopatías10, lo que otorga al patrón de actividad y ejercicio una relevancia diferencial en el cuidado enfermero en cardiología.
Lo anterior permite evidenciar la complejidad de la valoración del patrón, pero también la relevancia de su evaluación en los sujetos de cuidado, especialmente en aquellos que presentan un diagnóstico de enfermedad cardiovascular. No se evidencia en la literatura la existencia de instrumentos o escalas diseñadas y validadas en cualquier idioma para valorar este patrón de manera específica. En consecuencia, el propósito de esta investigación fue integrar los aspectos requeridos para la valoración del patrón funcional de actividad y ejercicio de Marjory Gordon, con énfasis en el paciente con enfermedad cardiovascular, para la consolidación de una fase valorativa más integral que repercuta en un proceso enfermero más holístico y articulador.
Metodología
Revisión narrativa que utilizó una búsqueda sen bases de datos como Lilacs/BIREME, Pubmed/MEDLINE, Google Scholar y Science Direct de artículos que permitieran identificar los aspectos más relevantes de la valoración del patrón de actividad y ejercicio de acuerdo con la configuración propuesta por Marjory Gordon. Se utilizaron los términos de independencia funcional, caídas, escalas, valoración respiratoria, valoración cardíaca, valoración neurológica y valoración osteo-tendinosa. Se aplicó como criterios de búsqueda que los términos aparecieran en título o resumen y que hubiesen sido publicados en los últimos diez años. Se construyó una base de datos para la extracción de la información que permitiera indicar a qué aspecto de la valoración correspondía, entendiendo estos aspectos como anamnesis, aplicación de escalas y examen físico. No se realizó evaluación de calidad de los artículos incluidos por no ser pertinente al tipo de revisión y se integraron los resultados a partir de los tres componentes de la valoración: entrevista, evaluación con instrumentos y valoración física.
Resultados
Anamnesis: Es vital conocer el nivel de actividad física que realiza una persona pues permite encontrar tanto factores protectores como de riesgo; esto implica identificar el patrón de ejercicio, entendido como la frecuencia, la duración, la intensidad y el tipo de actividad física realizado; especialmente en pacientes con enfermedad cardiovascular donde probablemente el ejercicio no haya sido una practica habitual y las condiciones actuales de la enfermedad pueden limitar la realización del mismo11. Es pertinente indagar acerca del oficio que desempeña la persona y cuál es el nivel de energía que debe disponer para desempeñar su actividad laboral, especialmente en pacientes con insuficiencia cardiaca y con antecedentes de infarto agudo de miocardio donde la capacidad ventilatoria y de oxigenación están comprometidas; además, algunos empleos pueden exponer a inhalación de gases tóxicos o biomasa; indagar sobre el consumo de sustancias psicoactivas provee información importante para valorar los riesgos a nivel respiratorio, cardiovascular y de otros sistemas12. Se debe interrogar también por presencia de edemas, mareo, síncope, arritmias, disnea y antecedentes de situaciones de riesgo para caídas, especialmente en pacientes con alguna condición cardiovascular previa. Cobra relevancia identificar las características de la marcha e indagar acerca del uso de órtesis y prótesis y cómo estas han contribuido a mejorar la funcionalidad del paciente, o si, por el contrario, han generado más dificultades1
En el paciente con enfermedad cardiovascular, la entrevista debe indagar específicamente por síntomas como angina de pecho o equivalentes anginosos, disnea de esfuerzo, ortopnea, disnea paroxística nocturna, palpitaciones y síncope o presíncope10. El registro del tratamiento farmacológico particularmente betabloqueantes, diuréticos y fármacos del sistema renina-angiotensina-aldosterona es igualmente relevante por su influencia sobre la respuesta hemodinámica al ejercicio.
Uso de escalas
Riesgo de caídas
Los instrumentos más utilizados para evaluar el riesgo de caídas son MORSE, STRATIFY, el Hendrich II Fall Risk Model y la Johns Hopkins Fall Risk Assessment Tool13. La Morse Fall Scale consiste en la evaluación de seis criterios: la historia de caídas, diagnósticos secundarios, ayuda para deambular, terapia intravenosa/bloqueo con heparina, marcha y estado mental14. La herramienta STRATIFY está compuesta por 5 preguntas sobre caídas previas, agitación, necesidad de desplazarse al baño con frecuencia, alteración visual, transferencia y movilidad15. El modelo Hendrich II consiste en una herramienta de 8 ítems que evalúan confusión/desorientación/impulsividad, depresión, alteración de la eliminación, mareo o vértigo, género masculino, antiepilépticos, benzodiazepinas y la prueba Timed Up and Go13. La herramienta Johns Hopkins consiste en 7 ítems: edad, historia de caídas, eliminación, medicación, dispositivos para el cuidado de la persona, movilidad y cognición13.
Dabkowski et al.16 mencionan también la importancia de medir la percepción del riesgo de caídas por parte los pacientes que experimentan una hospitalización. Los autores agrupan las diferentes escalas en cinco categorías: confianza en el equilibrio, preocupación eficaz por las caídas, miedo a las caídas, autoconciencia de la caída e intención y conductas relacionadas con las caídas.
Independencia funcional
Los instrumentos con mejor calidad metodológica utilizados para evaluar la independencia funcional son la Functional Autonomy Measurement System (SMAF), la 5-ítem Katz list, la Functional Independence and Difficulty Scale (FIDS) y el Barthel Index17. La SMAF es una escala con 29 ítems que mide cinco áreas: actividades de la vida diaria (comer, lavar, vestirse, asearse, continencia y uso del baño); movilidad con 6 ítems, comunicación con 3 ítems, funciones mentales con 5 ítems y actividades instrumentales de la vida diaria con 8 ítems17. El índice de Katz mide tareas de autocuidado que incluyen bañarse, vestirse, usar el baño, pararse o sentarse en una silla, la continencia y alimentarse, con respuestas dicotómicas18. La Functional Independence and Difficulty Scale contiene 14 actividades básicas de la vida diaria19. El índice de Barthel comprende 10 ítems diseñados para evaluar las actividades de alimentarse, bañarse, acicalarse, vestirse, usar el baño, moverse de la cama a la silla y viceversa, movilizarse, subir escaleras y controlar las funciones vesicales e intestinales17.
Capacidad y clase funcional en el paciente con enfermedad cardiovascular
En los pacientes con enfermedad cardiovascular resulta relevante incorporar instrumentos específicos para cuantificar la capacidad y la clase funcional. El Duke Activity Status Index (DASI), cuestionario autoadministrado de 12 ítems, estima el consumo máximo de oxígeno (VO₂máx) y ha demostrado buena correlación con la capacidad aeróbica medida objetivamente en pacientes con cardiopatía isquémica e insuficiencia cardíaca20. La prueba de caminata de seis minutos (PC6M) evalúa de forma sencilla y reproducible la capacidad de ejercicio submáximo, con valor pronóstico documentado en insuficiencia cardíaca e hipertensión arterial pulmonar21. La Escala de Borg de percepción del esfuerzo, disponible en su versión de 6 a 20 puntos y en la escala CR-10, constituye un estándar en rehabilitación cardíaca para monitorizar el esfuerzo subjetivo percibido durante la actividad física22. La clasificación funcional de la New York Heart Association (NYHA) categoriza el grado de limitación impuesta por la sintomatología y su aplicación sistemática por el personal de enfermería facilita la monitorización de la evolución clínica y la respuesta a las intervenciones terapéuticas23.
Signos vitales
Se deben valorar dentro de este patrón el pulso, la f recuencia cardíaca, la presión arterial y la f recuencia respiratoria. El pulso puede tomarse sobre cualquier arteria comprimible sobre una estructura ósea. Las zonas anatómicas más comunes para su palpación son el cuello (arteria carótida), el brazo (arteria braquial), la muñeca (arteria radial), la ingle (arteria femoral) y el pie (arteria dorsal). Para la valoración de la f recuencia cardíaca, se debe medir directamente en el tórax, en el punto de máximo impulso ubicado en el quinto espacio intercostal, a la altura de la línea medioclavicular, utilizando la técnica de auscultación durante un minuto completo24.
La tensión arterial se define como la presión que ejerce la sangre en las arterias al transportarse por ellas. La ergometría es un método estandarizado que permite estudiar el comportamiento de la PA frente a un esfuerzo progresivo. La determinación de la PA mediante dispositivos automáticos como el Monitoreo Automático de la Presión Arterial (MAPA), con la técnica correcta, brinda muchas ventajas, habiéndose constatado su utilidad y validez clínica. Cuando no es posible realizar medición con monitoreo automático, se debe realizar la medición manual con esfingomanómetro y estetoscopio, precedida de la toma de presión palpatoria. Por lo general, se considera que un rango normal de PAM está entre 70 y 100 mmHg25. Debe prestarse especial atención a la valoración de la presión arterial en pacientes con antecedentes de hipertensión arterial, por su probable variación en las cifras y en pacientes con insuficiencia cardiaca.
Valoración física
Valoración del sistema respiratorio
La valoración del sistema respiratorio inicia con la medición de la frecuencia respiratoria, tomada en un minuto mediante palpación o inspección. El rango normal en adultos va desde 12 hasta 20 respiraciones por minuto. Posteriormente, la valoración del sistema respiratorio incluye la inspección de la forma del tórax y los movimientos respiratorios, la palpación del tórax, la percusión y la auscultación de los ruidos pulmonares. La inspección de la forma del tórax es esencial para detectar alteraciones como tórax en tonel y desviaciones de la columna vertebral como cifosis, escoliosis o cifoescoliosis. En la percusión, el sonido habitual es la sonoridad, de intensidad alta, tono bajo y duración prolongada. La auscultación identifica los ruidos pulmonares normales: ruido traqueal, ruido traqueobronquial o bronco-vesicular y murmullo vesicular26. Es vital en paciente con enfermedad cardiovascular tener claro la posibilidad de presentarse taquipnea especialmente en pacientes con insuficiencia cardiaca.
Valoración del sistema neurológico
En el sistema neurológico se valoran dentro de este patrón: la fuerza, el tono muscular, los reflejos osteotendinosos y la taxia o coordinación de movimientos. La fuerza se evalúa pidiéndole a la persona que extienda sus brazos y ejerza resistencia, y se califica en una escala de 0 a 5, donde 0 indica ausencia de fuerza y 5 fuerza normal. El tono muscular se examina realizando suaves movimientos de flexión y extensión, obteniendo tono normal, hipotonía o hipertonía. Los reflejos osteotendinosos-bicipital, tricipital, estiloradial, rotuliano y aquiliano se codifican en cruces: 0 ausente, 1 cruz hiporreflexia, 2 cruces normal, 3 cruces vivo y 4 cruces hiperreflexia. La coordinación de movimientos se evalúa con la prueba índice-nariz o talón-rodilla27. No se evidencian cambios significativos en los pacientes con enfermedad cardiovascular respecto a los componentes que se valoran dentro del sistema neurológico al interior del patrón de actividad y ejercicio.
Valoración del sistema cardiovascular
La valoración del sistema cardiovascular se enfatiza en la auscultación de los focos cardíacos como actividad principal. El foco aórtico se localiza en el segundo espacio intercostal, línea paraesternal derecha, donde se escucha la aorta descendente. El foco pulmonar se ubica en el segundo espacio intercostal, línea paraesternal izquierda, donde mejor se auscultan los ruidos de la válvula pulmonar. El foco aórtico accesorio o de Erb se encuentra debajo del foco pulmonar, donde se aprecian mejor los fenómenos acústicos valvares aórticos. El foco tricúspideo se ubica en el apéndice xifoides o en el borde paraesternal izquierdo. El foco mitral o apexiano se localiza en el quinto espacio intercostal, línea medioclavicular izquierda, donde mejor se auscultan los ruidos de la válvula mitral. Existen varias nemotecnias para recordar estos focos de auscultación cardíaca28.
En el paciente con enfermedad cardiovascular, la auscultación debe orientarse a la identificación de hallazgos que orienten hacia disfunción ventricular o valvular. Un tercer ruido cardíaco (S3) es sugestivo de disfunción sistólica del ventrículo izquierdo, mientras que un cuarto ruido (S4) puede asociarse a cardiopatía isquémica o hipertrofia ventricular29. La valoración de la presión venosa yugular, la presencia de pulso alternante y la caracterización de soplos valvulares aportan información clínica de alto valor en este contexto. En presencia o sospecha de insuficiencia cardíaca, la búsqueda sistemática de edemas en miembros inferiores, hepatomegalia y reflujo hepatoyugular debe integrarse a la valoración30. Finalmente, la medición de la presión arterial en posición ortostática resulta relevante en pacientes con tratamiento diurético o vasodilatador para detectar hipotensión ortostática, fenómeno frecuente que incrementa el riesgo de caídas en esta población31.
Valoración del sistema osteo-tendinosomuscular
Para la evaluación de este sistema lo más relevante es determinar los arcos de movimiento de las articulaciones a través de acciones como la flexión, la extensión, la abducción, la rotación, la pronación y la supinación. Si bien el propósito de esta revisión no es hacer una descripción detallada, es fundamental entender la importancia de reconocer los movimientos básicos. Las articulaciones más importantes para evaluar son los hombros (pedirle al paciente que intente rascarse la espalda por encima y por debajo de estos); el codo (flexión y extensión del brazo); la mano (flexión, extensión y rotación); la rodilla (extensión y flexión de la pierna) y el pie (flexión, extensión y rotación)32. A continuación se puede visualizar una tabla resumen con el proceso de valoración del patrón.
Tabla 1
Tabla resumen: valoración del patrón funcional actividad y ejercicio en el paciente con enfermedad cardiovascular.
| ASPECTO PARA VALORAR | HERRAMIENTA, MÉTODO O ESCALA | RESULTADO ESPERADO |
|---|---|---|
| ANAMNESIS | ||
| Patrón de ejercicio | Anamnesis (frecuencia, duración, intensidad y tipo de actividad). | Identificación de factores protectores y de riesgo. |
| Identificación de factores protectores y de riesgo. | Entrevista dirigida (sustancias psicoactivas). | Ausencia de consumo para evitar riesgos respiratorios y cardiovasculares. |
| Sintomatología cardiovascular | Interrogatorio dirigido (angina, disnea, ortopnea, palpitaciones, síncope). | Ausencia de síntomas de compromiso cardiovascular. |
| Antecedentes farmacológicos | Antecedentes farmacológicos | Estabilidad hemodinámica bajo influencia del tratamiento. |
| APLICACIÓN DE ESCALAS | ||
| Riesgo de caídas | Escalas MORSE, STRATIFY, Hendrich II o Johns Hopkins. | Bajo riesgo de caídas y autoconciencia del riesgo por el paciente. |
| Independencia funcional. | Índice de Barthel, Índice de Katz, SMAF o escala FIDS. | Autonomía o independencia en las actividades básicas de la vida diaria. |
| Capacidad y clase funcional | Cuestionario DASI, Caminata de 6 minutos (PC6M) y Clasificación NYHA. | Buena capacidad aeróbica y mínima limitación según categoría NYHA. |
| Percepción del esfuerzo | Escala de Borg (6-20 o CR-10). | Nivel de esfuerzo percibido adecuado a la actividad física realizada. |
| EXAMEN FÍSICO | ||
| Frecuencia cardíaca y Pulso | Palpación (carótida, radial, etc.) y Auscultación del punto de máximo impulso (1 min). | Ritmo regular y frecuencia dentro de parámetros normales. |
| Presión arterial. | MAPA (automático), Esfingomanómetro (manual) o Ergometría. | Presión Arterial Media (PAM) entre 70 y 100 mmHg. |
| Sistema Respiratorio | Inspección, palpación, percusión y auscultación. | 12-20 rpm, tórax simétrico, sonoridad a la percusión y ruidos normales. |
| Fuerza y Tono muscular | Escala de 0 a 5 (fuerza) y movimientos de flexión/extensión. | Fuerza normal (5/5) y tono muscular normal. |
| Coordinación y Reflejos | Prueba índice-nariz/talón-rodilla y reflejos osteotendinosos (0-4 cruces). | Coordinación conservada y reflejos normales (2 cruces). |
| Auscultación cardíaca | Valoración de los 5 focos (Aórtico, Pulmonar, Erb, Tricúspideo, Mitral). | Ausencia de tercer (S3) o cuarto ruido (S4), soplos o ruidos accesorios. |
| Arcos de movimiento | Flexión, extensión, abducción, rotación, pronación y supinación. | Arcos de movimiento funcionales en hombros, codos, manos, rodillas y pies. |
Discusión
Esta revisión tuvo como propósito plantear los aspectos para tener en cuenta cuando se valora el patrón de actividad y ejercicio propuesto por Marjory Gordon. Se resalta que no existen en la literatura herramientas para valorar de manera específica cada patrón; pero existen, como lo evidencian De Cassia, Butcher y Jones33, instrumentos para abordar todos los patrones con enfoques específicos de áreas de desempeño como la rehabilitación cardíaca, la gerontología, la psiquiatría y la oncología. De igual forma se evidencia la propuesta de Díaz et al.34 para la valoración bajo este marco en mujeres gestantes.
Sobresale en la anamnesis la importancia de preguntar acerca de la actividad física, especialmente por la prevalencia de problemas metabólicos y cardiovasculares relacionados con el sedentarismo35 y por la relevancia de promoverla como hábito saludable de acuerdo con las recomendaciones de organismos internacionales enmarcadas en criterios de frecuencia, duración, intensidad y tipo de ejercicio36. En este sentido, Vargas37 propone una herramienta solo para la anamnesis de todos los patrones que fue validada en su contenido; pero al revisar los ítems del patrón de actividad y ejercicio, solo indagan por la actividad física, la movilidad y la dependencia; aspectos que pueden ser valorados de manera más precisa con el uso de instrumentos específicos.
Se evidencia como novedad en la aplicación de escalas la valoración de la percepción del riesgo de caídas, especialmente en personas que experimentan una hospitalización o internación de larga estancia, dado que la prevención de caídas continúa siendo una prioridad tanto en la práctica clínica como en la investigación, por su relación con pobres resultados en salud y la carga financiera que implica38.
Otro aspecto relevante es el acercamiento a la valoración de la independencia funcional, especialmente porque variadas intervenciones de enfermería se centran en la asistencia a las actividades de la vida diaria; la planeación de estas debe derivar de una adecuada recolección de datos. Las escalas para abordar la independencia ofrecen esta posibilidad, además de favorecer intervenciones que propenden por la promoción de la autonomía, la independencia y la funcionalidad8.
El abordaje del riesgo de caídas sigue siendo un aspecto fundamental de la práctica clínica y del cuidado enfermero. Las escalas MORSE y STRATIFY se destacan como las más utilizadas para este fin; sin embargo, más allá de su aplicación, resalta la necesidad de reconocer la base teórica y metodológica que subyace a cada instrumento para ampliar la comprensión del fenómeno y aplicar la evidencia en la práctica de manera que se modifiquen riesgos que impacten positivamente la incidencia del evento de caídas39.
El sistema respiratorio y cardiovascular como ejes centrales de la valoración física en este patrón se priorizan debido a la gran cantidad de condiciones de enfermedad que pueden alterar los parámetros ya conocidos en ambos sistemas, pero que cuentan con una variedad significativa de diagnósticos de enfermería en el lenguaje estandarizado de la NANDA, lo que confirma la relevancia del patrón y de los sistemas que lo conforman1.
En el contexto particular del paciente con enfermedad cardiovascular, la PC6M y el DASI han demostrado capacidad para predecir eventos cardiovasculares mayores y hospitalización en pacientes con insuficiencia cardíaca y cardiopatía isquémica40, lo que subraya la necesidad de incorporar estos instrumentos de manera sistemática en la práctica enfermera en cardiología. A ello se suma que los programas de rehabilitación cardíaca liderados o coordinados por enfermeras deben partir de la valoración exhaustiva del patrón de actividad y ejercicio41.
En la práctica de la enfermería clínica, probablemente este sea el patrón más comúnmente evaluado, dado que integra la mayoría de los signos vitales y la valoración física de los campos pulmonares y del corazón. La diferencia de fondo que ofrece esta propuesta reside en que permite organizar el patrón de manera lógica y coherente, incluyendo otros aspectos que le confieren mayor integralidad al ejercicio de obtención de datos para la planeación y ejecución de planes de cuidado.
Finalmente, se cuentan como limitaciones de esta revisión la escasa evidencia alrededor de la valoración del patrón desde la perspectiva de Marjory Gordon, lo que supuso un ejercicio más amplio de integración y recolección de información.
Conclusiones
La valoración del patrón de actividad y ejercicio es fundamental en la práctica de enfermería e implica la realización de una entrevista para identificar antecedentes y problemas relacionados, la aplicación de escalas para valorar el riesgo de caídas y la percepción de este riesgo, así como la valoración de la independencia funcional y, finalmente, una valoración física que complementa el ejercicio para identificar problemas reales o potenciales que puedan estar afectando el patrón. En el paciente con enfermedad cardiovascular, esta valoración cobra especial relevancia al permitir determinar la clase funcional mediante instrumentos como el DASI o la clasificación NYHA, orientar la prescripción individualizada de actividad física y sentar las bases para la planificación de la rehabilitación cardíaca.
Los autores declaran no tener conflicto de intereses.
Este trabajo no ha recibido financiación.